
Quizás descubriste tus otras dimensiones en el beso de los caracoles del patio de la abuela….De niño jugabas con ellos y te hacía feliz creer que no se te despegaban de los dedos, “porque te querían mucho…”
También se asoman en mi memoria los asombros que compartimos al conocer los cóndores del Zoológico de Montevideo, camino que nos llevó a conocer años más tarde, a Combatiente, el cóndor del Pico Mucubají… De repente, fue el rugir diario del León que puntualmente nos anunciaba el amanecer en la barriada del Abuelo Uruguayo.
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